Cabello castaño, ojos azules
Hay un misterio en su cabello castaño,
una sombra oscura como la noche misma,
que cae suave sobre su frente,
como un telón que oculta secretos antiguos.
Sus ojos, azules como el filo de un cuchillo,
me perforan, me consumen en cada mirada.
Son abismos helados, mares profundos,
donde me ahogo, donde me entrego sin dudar.
Esos cabellos oscuros me atrapan,
castaños como árboles que no puedo talar,
caen como un velo de sombras en su rostro,
y yo, atrapada, no quiero escapar.
Sus ojos, dos trozos de océano en invierno,
fríos y profundos, pero llenos de vida,
me miran desde mundos lejanos,
haciéndome sentir náufraga en su calma inmensa.
Y justo al borde de sus labios,
un lunar, como marca de estrellas,
tan cerca de su sonrisa que tiemblo,
como si solo su risa pudiera tocarlo.
Ese lunar es una constelación pequeña,
la primera pista en su piel, tan tersa,
de que él, también, guarda mundos internos
que solo el más valiente podría explorar.
Él, de cabellos oscuros y ojos helados,
es el poema que jamás termino,
la tinta azul que nunca se seca,
el enigma que siempre quedará sin resolver.
Lo imagino, despierta y en sueños,
ese lunar entre mis labios, entre susurros,
sus cabellos desordenados en mis dedos,
y esos ojos que me devoran en silencio.
Él no sabe que lo miro en silencio,
que cada noche su imagen es mi delirio,
mi secreto, mi veneno, mi fuego constante.
Y aunque nunca sea mío, él sigue en mí,
como tinta en mi sangre, como luna en el cielo oscuro.
Estoy atrapada, perdida en su sombra,
en el deseo de conocer cada recodo de su ser.
No quiero salvarme, quiero arder en esta fiebre
por él, por ese cabello castaño y ojos azules.
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